miércoles, 11 de febrero de 2009

El primero

Hemos comenzado la ronda de propuestas a todos aquellos autores aragoneses que creemos que deben pertenecer a la Generación Guirlache, con una notable aceptación. De hecho algunos nombres han mostrado ya su apoyo, confirmando que verdaderamente existe un movimiento cultural de gran calidad, tanto literaria como humana, que confía en este proyecto.

Iremos desvelando sus nombres conforme nos llegan sus relatos. Si tú crees debes pertenecer y no nos hemos puesto en contacto contigo, no creas que nos hemos olvidado de tí, seguramente no hemos conseguido tu mail, o recibiras nuestra propuesta en breves. Anímate, merece la pena. Junto con cada relato, enviadnos la dirección de vuestro blog/web donde se os pueda seguir y una breve reseña de vosotros mismos a modo de presentación, la promoción es otro fin que se persigue. Con el tiempo iremos haciendo una pequeña ficha de cada uno de nosotros.

Y ya tenemos al primero, Jorge del Frago, que nos remite su particular visión del guirlache. Puedo decir que publica en el suplemento literario del Diario del Altoaragón, bienvenido al barco.


Un deseo solamente

Fotografía de Sigfrido González.
Podéis disfrutar de más imágenes de este fotógrafo aragonés en su galería http://www.flickr.com/photos/sifro/
A José Antonio Lozano

No le parecía justo. Ellos eran tres y sólo podía pedir uno. Pero el rubio se lo había dejado bien claro. Esa era la oferta. Sólo un deseo.

Y se había quedado sentado en el otro extremo del sofá, quieto como una figura de cera, mirándole fijamente, esperando su respuesta.

El castaño curioseaba por todo el salón. Acariciaba el lomo de los viejos libros de las estanterías, le daba la vuelta a las figuritas de porcelana, buscaba la firma de los cuadros y sopesaba los marcos y los candelabros de plata.

El negro se había sentado en el sofá pequeño y hojeaba una revista de moda con sus manos enguantadas. A sus pies una enorme bolsa de lona vacía.

-Una cosa, sólo una- susurraba, mientras trataba de decidirse.

Miró al rubio. Se estaba sacudiendo el confeti pegado en el armiño de la capa. Los diminutos trozos de papel caían sobre la alfombra. Eran de todos los colores: rojo, azul, verde, blanco.

Trató de concentrarse. Una cosa, un solo deseo…

El castaño sacó una cajetilla de tabaco y encendió un cigarrillo. Cogió un cenicero de la estantería y se sentó en el sillón orejero, frente a él. Cruzó las piernas y se puso a mirarle con descaro. Llevaba unos botines negros con cremallera, de tacón cubano. Extraño calzado para un rey.

Desvió la mirada para poder pensar. Una cosa, un solo deseo…

El negro se había puesto a hacer una torre con los trozos de guirlache de la bandeja de los dulces. Los iba poniendo con cuidado uno encima de otro, había puesto ya cuatro, cinco, seis trozos. Estuvo por contarle el truco que él utilizaba de pequeño para conseguir que la torre no se derrumbara: chupar bien chupaos los trozos de guirlache para que se pegaran uno con otro.

Oyó un carraspeo. Miró al rubio. Con gesto de impaciencia le señalaba la esfera de su dorado reloj de pulsera.

-Está bien, está bien- dijo él. Si es que me estáis distrayendo. Así no puedo pensar. Y cerró los ojos para concentrarse. Una cosa, un solo deseo…. piensa, piensa.

-Ya lo sé- dijo en voz alta.

Y al abrir los ojos se habían marchado.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias, Jorge, por la inmerecida dedicatoria y por ser el primero en enviar el texto solicitado.

    Enhorabuena por el mismo, evocador, directo y bien construído.

    Sólo me queda animar al resto de los colaboradores, de los talentosos escritores aragoneses convocados, para que se pongan a la tarea y nos deleiten con sus artesanales dulces.

    Un abrazo para todos.

    Mi admiración y respeto para el señor Del Frago.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Como siempre , señor del Frago, usted tan sorprendente.
    Es la primera vez que pincho a los guirlacheros. Este año ando un poco distraida, ya disculparán. Prometo ponerme manos al guirlache.

    Saludos de almendra sola

    ResponderEliminar
  3. Coitus interruptus...

    Siempre sucede igual.

    Anabel

    ResponderEliminar