sábado, 18 de diciembre de 2010

MALDITO GUIRLACHE

Llegados a estas fechas tan señaladas el espíritu guirlachero parece renacer... Adjunto relato que la autora Pilar Aguarón ha tenido a bien enviar a este dulce proyecto. Muchas gracias por tu colaboración y esperamos que sirva de estímulo a otros compañeros generacionales. Sin más, pasen y vean.




Maldito guirlache

Mariola consideró que Jacobo era el hombre de su vida desde que lo vio aparecer por el despacho en el que acababa de ser contratada como secretaria. Jacobo era uno de los cuatro abogados de la empresa y, aunque ella no dependía jerárquicamente de él, siempre le dio un trato deferente y más de una vez le sacó de un apuro profesional. En cambio para él solo era la chica eficaz que siempre le resolvía los problemas.

Mariola durante aquellos largos meses fue conociendo las conquistas de Jacobo, sus rupturas y sus infidelidades. Hubiese dado media vida por ser alguna de aquellas chicas aunque solo hubiera sido por una noche y hasta se hubiese conformado con las migajas: una invitación a comer o unas flores por su cumpleaños. Nunca recibió nada.

Ocurre a veces que la vida se dulcifica y en las últimas semanas había notado un cambio en la actitud del abogado. Él buscaba su compañía a la hora del café, le alababa la ropa, le preguntaba por sus planes. Mariola se sentía renacer, nunca fue a trabajar de mejor gana, se compró ropa, se maquillaba con esmero, saludaba a los extraños. La vida por fin le sonreía.

Aquel día, víspera de Nochebuena, Mariola se despertó con una ligera molestia en el maxilar que, según fueron pasando las horas, se transformó en un dolor más intenso.

A media mañana una compañera al pasar junto a su mesa le dejó dos barritas de guirlache envueltas en papel de celofán, justo en el momento en que vio a Jacobo aparecer por el fondo de la sala. Mariola lo miró embelesada y su corazón comenzó a acelerarse. Inconscientemente y para mitigar la ansiedad rasgó el envoltorio y dio un mordisco al turrón.

Él avanzaba, la miraba y sonreía, al llegar junto a ella se inclinó y le saludó con un cariñoso y prometedor:

-¿Cómo estás, bonita?

Y fue precisamente en ese momento, en esa milésima de segundo en que tuvo para responder, cuando la mezcla de almendras, azúcar y miel le penetró en su muela como un estilete y un dolor punzante, agudo y horrible le atravesó, cual si fuera un hierro ardiente, desde el centro del cerebro hasta su maxilar izquierdo. Mariola se llevó la mano a la cara y mirándolo con la faz desencajada y los ojos encendidos le gritó con rabia:

-¡Vete a la mierda, imbécil!



1 comentario:

  1. Pobrecito, ahora que ya se había decidido.

    Maña, este cuento es tuyo por los cuatro costados.

    Enhorabuena, Pilar, ya perteneces a la Generación Guirlache.

    ¿Esto da puntos en el curriculum?

    Anabel

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